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El Prof. Carlos G. Wernicke, Médico Piscoterapeuta argentino recertificado en Psiquiatría y Psicología Pediátrica, se refirió al vínculo que existe entre la discapacidad y la pobreza, al ser entrevistado durante la primera jornada del XIII Congreso Internacional que se realiza en Asunción, Paraguay.

WERNICKE 2

El Prof. Carlos G. Wernicke: Resulta obvio que el poder autoritario de una cultura produce marginación social y por lo tanto es una fábrica de desadaptados y discapacitados

A su juicio “los poderosos desintegradores y excluidores son culpables voluntarios y conscientes de esta situación”.

Esta es su mirada en torno a este tema tan profundo:

“Cuando hablamos de discapacidad y pobreza, en primer lugar se impone definir la discapacidad, la que es una desadaptación psicosocial a la cual se agrega una alteración o pérdida de una estructura o de una función.

Esto quiere decir que hay personas con alteraciones o pérdida de una estructura o función, pero que al tener una situación compensada, por ejemplo a través de terapias, no están desadaptados socialmente, por lo tanto no son discapacitados sino deficientes.

Este puede ser el ejemplo de alguien que tiene una pierna más corta que la otra y al tener un zapato con un resalto, deja de cojear.

Pero por otra parte, el planeta está enormemente inundado de desadaptados psicosociales, sin alteración o pérdida de una estructura o de una función, por lo tanto son desadaptados y no discapacitados.

Tenemos que puntualizar que llamamos a la desadaptación psico-social a la imposibilidad total o parcial de adecuarse a los criterios que cada cultura considera normales.

Por ejemplo, para la actual cultura familiar moverse mucho equivale a tener un niño patológico, en cambio en la cultura de la familia de al lado, ser un niño que se mueve mucho es ser un niño que se mueve muy sano.

Cuanto más uno desciende en la escala social, en otras palabras cuanto más marginado uno queda o sea cuanto más lejos está del núcleo de poder de esa cultura, más posibilidad hay de que uno se adecue a una cultura en particular.

Estamos hablando del subalimentado, del sucio, del pobre, del loco; especialmente estamos hablando del indigente y del desnutrido.

Eso tiene un agravante. En edades muy tempranas, la desadaptación psicosocial produce alteración o pérdida de estructura o función. El ejemplo es el niño todavía no nacido que no recibe suficiente alimento de una madre pobre y entonces ya nace con menos peso, con menos neuronas y tiene un futuro de menos estatura y menos inteligencia.

Resulta también obvio que el poder autoritario de una cultura produce marginación social y por lo tanto es una fábrica de desadaptados y discapacitados.

Los poderosos desintegradores y excluidores son culpables voluntarios y conscientes de esta situación. Porque en el siglo XX estas cosas no se sabían, pero en el siglo XXI todo el mundo tiene acceso a esta información. Entonces están violando los derechos humanos de esas personas, de los excluidos y desintegrados, pero los derechos humanos son universales, aun cuando las necesidades son específicas”.