La meta más preciada a la que puede aspirar un Congreso Internacional ORITEL se encuentra en honrar la inclusión como finalidad suprema, la humanización como un acto inmanente para jerarquizar las atenciones y los derechos como bandera universal para que las sociedades concreten las transformaciones que nos interpelan y que siguen estando pendientes.
Esos principios son consustanciales al XVII Congreso Internacional ORITEL: predominan en el Programa, estilizan las postulaciones del Comité Científico y se declaran en un lema que concilia la vastedad multidimensional de un encuentro organizado para ponderar nuevas vertientes de desarrollo.
“Me gustaría que (el Congreso) fuera recordado, ante todo, como el que trató al paciente con discapacidad no como objeto de estudio sino como sujeto de derechos. El éxito no se mide en publicaciones ni en tecnologías: se mide en la familia que encuentra alivio, en el niño que vuelve a la escuela, en el joven que accede a una vida autónoma”.
Así lo expresa en la siguiente entrevista el Presidente del XVII Congreso Internacional ORITEL, Dr. Rodrigo Huertas, a modo de un anhelo que sintetiza la filosofía que los organizadores decidieron adoptar y consagrar para un foro que tendrá lugar en Colombia, del 3 al 5 de setiembre.

Dr. Rodrigo Huertas, Presidente del XVII Congreso Internacional ORITEL en Bogotá.
Bogotá será sede de un Congreso Internacional que con el transcurso de sus ediciones adquirió un gran prestigio en el calendario científico mundial especializado en la discapacidad. ¿Cuáles son las razones que motivaron identificarlo con el lema Ciencia y Humanidad para la Inclusión?
Ese lema condensa la convicción que sostiene a ORITEL desde su fundación: la rehabilitación no puede ser un acto meramente técnico. La ciencia nos da hoy herramientas extraordinarias: análisis de la marcha, rizotomía dorsal selectiva, bombas intratecales de baclofeno, inteligencia artificial aplicada al diagnóstico temprano, ventilación no invasiva y diagnóstico genético, por citar algunos ejemplos significativos.
No obstante, reducir al paciente a una condición sería un error. Por eso nombramos la humanidad en el mismo aliento. El niño con parálisis cerebral, la familia que lo acompaña, el cuidador que se agota: todos ellos exigen que la ciencia se ponga al servicio de una mirada integral y respetuosa de la dignidad. La humanización de la atención, los cuidados paliativos y la salud mental del personal asistencial ocuparán un lugar central en nuestra agenda.
Y finalmente, la inclusión: el fin último de todo lo que hacemos no es mantener al paciente en un consultorio, sino devolverlo a su escuela, su barrio, su familia y la vida ciudadana plena. Ciencia y humanidad son el camino; la inclusión es la meta.
¿Cuáles son los temas centrales que rigen el programa y qué diferenciales se anima a resaltar dentro de la diversidad de exposiciones que figuran en la agenda académico-científica?
El programa se organiza en tres grandes ejes a lo largo de tres jornadas con salones simultáneos. El primer día estará dedicado a la parálisis cerebral: rehabilitación
integral, manejo quirúrgico y ortopédico, y abordaje psicosocial. El segundo día nos enfocaremos en el trastorno del espectro autista, las enfermedades neuromusculares, y un
salón dedicado a nutrición, salud ósea y cuidados paliativos. El tercer día lo cerraremos con mielomeningocele, síndrome de Down y una feria de inclusión abierta a la comunidad.
En cuanto a los diferenciales, destaco tres. Primero, el nivel internacional de los conferencistas: Walter Frontera en fisiatría y política de salud; Juan Carlos Couto de FLENI Argentina en cirugías multinivel; Álvaro Hidalgo Robles desde España en inteligencia artificial para el diagnóstico temprano; Alberto Santiago-Cornier desde Puerto Rico en bases genéticas del autismo; Nicolás Fernández desde Seattle Children’s e Iñigo Noriega en cuidados paliativos domiciliarios. Una convocatoria verdaderamente panamericana y transatlántica.
En segundo lugar, resalto la integración real de disciplinas. En una misma mañana coincidirán neurocirujanos, genetistas, ortopedistas, fonoaudiólogos, psiquiatras infantiles, trabajadores sociales y terapeutas ocupacionales. Así es el trabajo cotidiano con la discapacidad: multidisciplinar, o no es.
Por último, destaco el puente entre alta tecnología y dimensión humana. Mientras discutiremos exoesqueletos y telesalud, también conversaremos sobre inclusión laboral, aulas hospitalarias y emprendimientos de personas con parálisis cerebral. La feria del sábado será la traducción concreta de ese compromiso.
Como autoridad de referencia para el Congreso ¿cómo le gustaría que este gran ámbito internacional sea valorado y recordado?
Me gustaría que fuera recordado, ante todo, como un Congreso que trató al paciente con discapacidad no como objeto de estudio sino como sujeto de derechos. El éxito no se mide en publicaciones ni en tecnologías: se mide en la familia que encuentra alivio, en el niño que vuelve a la escuela, en el joven que accede a una vida autónoma.
También me gustaría que sea recordado como un momento de encuentro real de la Red ORITEL: una comunidad de Centros e Institutos que atienden a cientos de miles de personas al año en once países. Bogotá, y el Instituto Roosevelt como anfitrión, quieren estar a la altura de esa tradición y dejarla enriquecida.
Y también, evocado como un Congreso en el que no se tuvo miedo a las conversaciones difíciles: cuidados paliativos pediátricos, fatiga del cuidador, salud mental del personal sanitario, transición a la adultez en condiciones crónicas y legislación sobre derechos. Temas incómodos y urgentes que la comunidad científica necesita encarar con la misma seriedad que la cirugía o la genética.
Por último, quisiera que quienes nos visiten se lleven la imagen de una ciudad y un país que creen, con hechos, que la discapacidad no es un destino sino una condición sobre la que se puede intervenir y construir futuro. Si un solo profesional regresa con una idea nueva o un vínculo recién nacido que se traduzca en un niño mejor atendido, el Congreso habrá cumplido.