En la relación intrínseca entre la medicina y el comportamiento humano, algunas especialidades atraviesan períodos de desafíos y desconciertos.
De entre muchas afecciones, a partir del siglo XXI el Trastorno del Espectro Autista (TEA) se ha situado en los lugares más prominentes en la sensibilización, concientización, difusión masiva, adaptaciones, concurrencias multidisciplinarias, estudios, investigaciones, protocolos y hasta en la formulación de marcos normativos orientados a la inclusión integral.
Un drástico aumento de las tasas del autismo infantil ha desvelado a los científicos, provocando un movimiento global para detectar las causas, particularmente los factores que aún no explican con precisión el aumento en el número de los casos notificados.
La Dra. Liliana Bentancourt es una experta en la materia. En su calidad de Jefa de Salud Mental del Instituto Roosevelt (Bogotá) y como integrante del Grupo de Trabajo Especializado en TEA (GTE TEA) de ORITEL, en el año 2024 presentó con su equipo un breve informe de experiencias en las intervenciones, en el marco del cual ilustró la prevalencia mundial del trastorno: el incremento entre el año 2000 y 2024 alcanzó al 241%.
En la siguiente entrevista, esta profesional que funge también como miembro del Comité Organizador del XVII Congreso Internacional ORITEL resalta los aspectos más llamativos de lo que será su ponencia en este foro científico mundial, pero también entrega sentencias para reflexionar, tomar nota y debatir.
Entre otros asuntos, describe la importancia de los equipos multidisciplinarios debidamente cohesionados, pero también los factores que inciden negativamente en las respuestas eficientes de estos equipos, variables que urgen ser tratadas y solucionadas si se quiere avanzar hacia una atención cada vez más integral, eficiente y basada en la mejor evidencia.

Dra. Liliana Bentancourt, Jefa de Salud Mental del Instituto Roosevelt (Bogotá).
Durante el segundo día de sesiones del Congreso de Bogotá, Ud. conducirá una ponencia acerca de la función fundamental que ejercen los equipos multidisciplinarios debidamente cohesionados en la intervención temprana de niños con TEA. Este enfoque ¿en qué factores resulta decisivo?
El equipo cohesionado es decisivo porque actúa simultáneamente sobre todas las dimensiones del niño durante la ventana de mayor neuroplasticidad, que son los primeros años de vida. Permite un diagnóstico más preciso al sumar miradas complementarias, genera un plan individualizado sin contradicciones entre disciplinas, con objetivos terapéuticos acorde a las necesidades individuales del paciente y habla con una sola voz a la familia, mejorando así la adherencia al tratamiento terapéutico de la familia y el paciente. Todo esto se traduce en mejores desenlaces en comunicación, autonomía e inclusión escolar del paciente, y por lo tanto una mejor calidad de vida para la familia.
¿Cuáles son los desafíos más importantes que se presentan a la hora de consolidar equipos que garanticen una atención integral en esta materia?
Pueden enumerarse en la escasez y distribución inequitativa de terapeutas y también de especialistas en el tema, las barreras del sistema de salud, la falta de rutas claras para TEA en menores de seis años, la ausencia de un liderazgo clínico claro dentro de los equipos, las diferencias en marcos conceptuales entre disciplinas y la alta rotación del personal institucional. A esto se suma la poca financiación para espacios de trabajo conjunto y la escasez de formación continua en este tipo de condición. Y también la pobre concientización de líderes políticos en el tema, no promoviendo los apoyos necesarios para estos pacientes
A su juicio ¿cuáles son los factores que explican un crecimiento exponencial de diagnósticos de TEA no sólo a nivel continental, sino a escala mundial?
Hay una mezcla de factores epidemiológicos y del contexto actual: hay ampliación de criterios diagnósticos con el DSM-5, mayor conciencia profesional y pública, mejores herramientas de detección como el ADOS-2, y la reducción del estigma. Algunos estudios mencionan factores de riesgo como edad parental avanzada, complicaciones perinatales, prematuridad y exposición ambiental.
En algunos contextos también influye el sobrediagnóstico por presión familiar o educativa y por difusión de este tipo de información en las redes sociales, siendo una “moda diagnóstica”.